Cómo salir natural en las fotos de boda si odias posar
Si hay una preocupación que se repite una y otra vez cuando una pareja me escribe para preguntarme por su boda, es esta:
"Nosotros es que salimos fatal en las fotos."
Da igual que falte un año para la boda o que queden apenas unas semanas. Es una frase que escucho constantemente y que, sinceramente, entiendo perfectamente.
La mayoría de las personas no están acostumbradas a tener una cámara delante. No pasan los fines de semana haciéndose sesiones de fotos, no saben muy bien qué hacer con las manos y, muchas veces, tienen la sensación de que todo el mundo sabe posar menos ellos.
Por eso, cuando alguien me dice que le preocupa el momento de las fotos de pareja, no me sorprende en absoluto. Lo que sí les suelo decir es que, después de muchos años fotografiando bodas, he comprobado que el problema casi nunca está en la pareja.
De hecho, muchas veces ocurre justo lo contrario.
La mayoría de las veces no es que salgas mal en las fotos
Creo que durante años nos han hecho pensar que hay personas fotogénicas y personas que no lo son. Como si algunas hubieran nacido con una habilidad especial para salir bien en las fotos y otras estuvieran condenadas a cerrar los ojos o poner caras raras cada vez que aparece una cámara.
Mi experiencia me dice que no funciona así.
Lo que sí existe es la diferencia entre sentirse cómodo o sentirse incómodo. Cuando estamos relajados solemos comportarnos de forma natural. Hablamos, nos movemos y reaccionamos sin pensar demasiado. Sin embargo, en el momento en que somos conscientes de que alguien nos está fotografiando, empezamos a analizarnos constantemente.
De repente nos preocupa si estamos sonriendo demasiado, si tenemos una postura rara o si deberíamos estar haciendo algo diferente. Y cuanto más pendientes estamos de la cámara, más difícil resulta olvidarse de ella.
Por eso, cuando una pareja me dice que sale fatal en las fotos, normalmente les respondo algo parecido: es completamente normal sentir eso. Lo importante no es aprender veinte poses ni memorizar dónde poner cada mano. Lo importante es sentirse cómodo y dejar que las cosas fluyan.
Al final, una boda ya tiene suficientes cosas en las que pensar como para añadir otra preocupación más.
Mi forma de fotografiar una boda
Cuando hablo con una pareja antes de la boda siempre les explico que mi forma de trabajar es documental.
¿Y qué significa eso exactamente?
Significa que la mayor parte del día no vais a estar pendientes de mí ni yo voy a estar pendiente de colocaros constantemente.
Mientras ocurren los preparativos, la ceremonia, el cóctel o la fiesta, mi trabajo consiste en observar y documentar lo que está pasando. Los nervios antes de entrar, el abrazo de un familiar, una mirada cómplice, una lágrima inesperada o una conversación que ocurre en un rincón mientras nadie presta atención.
Son momentos que suceden por sí solos y que no necesitan instrucciones.
Para mí, ahí es donde está gran parte de la historia de una boda. No en una pose perfecta, sino en todas esas pequeñas cosas que ocurren entre medias y que muchas veces pasan desapercibidas hasta que vuelves a verlas en una fotografía.
Por eso me gusta decir que no dirijo una boda. La documento.
¿Y las fotos de pareja?
Aquí suele aparecer el miedo.
Muchas parejas entienden perfectamente la parte documental de una boda, pero en cuanto hablamos de las fotos de pareja imaginan una sesión llena de poses, instrucciones y momentos incómodos.
Y la realidad es bastante diferente.
Las fotos de pareja son el único momento del día en el que intervengo un poco más, pero eso no significa que os vaya colocando como si fuerais modelos ni que tenga una lista interminable de poses preparadas.
De hecho, trabajo justo al revés.
No llevo una carpeta llena de capturas de Pinterest ni busco reproducir fotografías que he visto cien veces en internet.
Lo que hago es proponeros pequeñas acciones para que interactuéis entre vosotros de forma natural. Que caminéis, que habléis, que os acerquéis, que os abracéis o que simplemente disfrutéis de unos minutos juntos en medio de un día que suele pasar a toda velocidad.
Mientras eso ocurre, voy fotografiando.
Y curiosamente, las imágenes que más gustan después suelen aparecer cuando la pareja deja de pensar en la cámara y empieza a centrarse en la persona que tiene delante.
Ahí es cuando todo resulta más natural.
No hace falta desaparecer una hora para tener buenas fotos
Otra idea bastante habitual es pensar que para conseguir buenas fotos hay que dedicar una hora entera exclusivamente a las fotos de pareja.
Pero la realidad es que cada boda es distinta.
Hay parejas que disfrutan muchísimo de ese momento y prefieren tomárselo con calma. Otras prefieren pasar más tiempo con sus invitados porque saben que el día pasa volando. Y también hay parejas que tienen una postboda programada y saben que más adelante tendrán otra oportunidad para hacer fotos con tranquilidad.
Por eso nunca considero que exista una duración perfecta.
He hecho fotos de pareja que han durado veinte minutos y otras bastante más largas.
Lo importante no es el reloj.
Lo importante es encontrar un equilibrio para que tengáis fotografías bonitas sin sentir que os estáis perdiendo parte de vuestro propio día.
Al final, vuestra boda es una vez en la vida y cada pareja decide cómo quiere vivirla.
¿Y si somos muy tímidos?
Pues seguramente sois como la mayoría de las parejas que fotografío. De verdad.
Recuerdo una pareja que llegó bastante preocupada porque pensaba que no iba a saber qué hacer durante las fotos. Me lo dijeron varias veces antes de empezar. Estaban convencidos de que iba a ser uno de los momentos más incómodos del día.
Sin embargo, poco a poco fueron relajándose. Empezaron a hablar entre ellos, a caminar, a olvidarse de hacerlo perfecto y simplemente a disfrutar del momento.
Cuando terminamos, me dijeron algo que escucho bastante a menudo:
"Pues se nos ha pasado volando."
Y creo que esa frase resume bastante bien cómo me gusta que se sientan las parejas. No quiero que tengáis la sensación de estar haciendo una sesión de fotos. Quiero que sintáis que estáis pasando un rato juntos. Porque cuando eso ocurre, todo resulta mucho más sencillo.
El problema de intentar hacerlo perfecto
Muchas veces el problema no es la cámara. Ni siquiera el hecho de que os estén haciendo fotos.
El problema suele aparecer cuando intentamos hacerlo todo perfecto.
Queremos salir bien. Sonreír bien. Saber qué hacer con las manos. Encontrar nuestro mejor perfil y asegurarnos de que todo está exactamente como debería estar.
Y al final estamos tan pendientes de hacerlo correctamente que dejamos de disfrutar de lo que está pasando.
Por eso siempre les digo a las parejas que intenten olvidarse un poco de las fotos. Sé que parece raro que una fotógrafa diga esto, pero cuanto menos pendientes estáis de la cámara, más naturales suelen ser las imágenes.
Prefiero que os centréis en vosotros, en hablar, en caminar, en disfrutar de ese rato juntos y en vivir lo que está ocurriendo.
Porque, siendo sinceros, dentro de unos años no vais a recordar si la mano estaba en un sitio o en otro. Lo que vais a recordar es cómo os sentíais ese día, los nervios, las ganas de que llegara ese momento y la emoción de estar compartiéndolo con la persona que teníais delante.
Y eso es precisamente lo que merece la pena conservar.
Entonces, ¿hay que saber posar?
La respuesta es no.
De hecho, si hay algo que he aprendido fotografiando bodas es que las mejores imágenes rara vez aparecen porque alguien sabe posar perfectamente. Suelen aparecer cuando una pareja se siente cómoda, se olvida de la cámara y se centra en disfrutar de lo que está viviendo.
Por eso nunca me preocupa si una pareja me dice que nunca se ha hecho una sesión de fotos o que no sabe qué hacer delante de una cámara. Es lo más habitual. La inmensa mayoría de las personas que fotografío están en esa misma situación.
Lo importante no es tener experiencia ni conocer poses. Lo importante es confiar, dejarse llevar y entender que una fotografía no tiene que ser perfecta para transmitir algo.
De hecho, muchas veces las imágenes que más emocionan son precisamente las más espontáneas. Esas en las que os reconocéis tal y como sois. Las que os hacen recordar una conversación, una mirada o una sensación concreta de aquel día.
Al final, cuando volváis a ver vuestras fotos dentro de unos años, no creo que os fijéis en si la postura era perfecta o si estabais colocados exactamente de una determinada manera. Lo que realmente importa es que esas imágenes os hagan volver a ese momento y recordar cómo os sentíais.
Y para conseguir eso no hace falta saber posar. Hace falta vivirlo.
Preguntas frecuentes
¿Necesitamos saber posar?
No. La inmensa mayoría de las parejas que fotografío nunca han hecho una sesión profesional antes.
¿Y si somos muy tímidos?
Es mucho más habitual de lo que pensáis. Casi todas las parejas llegan con algo de nervios y normalmente desaparecen a los pocos minutos.
¿Cuánto duran las fotos de pareja?
Depende de cada boda y de cada pareja. Puede ser un rato corto de veinte minutos o una sesión más larga. Lo importante es que encaje con vosotros y con vuestro día.
¿Las fotos de pareja son posadas?
Hay algo de dirección, claro. Pero mi objetivo no es que estéis pendientes de la cámara, sino que interactuéis entre vosotros para que todo resulte natural.
¿Y si nunca nos hemos hecho fotos profesionales?
No pasa nada. De hecho, es lo más habitual.